Café de la desesperanza
A veces duele sentirse detrás, ahogado y abrumado por situaciones cotidianas.
Vemos como parece que la vida avanza sin nosotros, a un ritmo que no alcanzamos a comprender ni a seguir. No sé si tiene nombre la sensación de estar quieto mientras todo alrededor se mueve muy rápido y se es inmune a cualquier estímulo. Si lo tiene y lo desconozco, al menos sabré que no estoy solo.
Podríamos abrir un club. Sugiero el nombre: "café de la desesperanza".
Pero... ¿En realidad la vida avanza? Mientras releo una y otra vez estas palabras que quizás termine borrando al final, pienso que quizás en un sentido práctico sí, pero a la vez no. La vida no avanza, la vida está y somos nosotros los que la transitamos, como botes sobre un río.
Somos seres que se marchitan en un mundo que prevalece mientras pasan los años. El pelo se llena de canas y las arrugas se hacen profundas. Los ojos pierden color mientras más cosas se ven y la voz se nos va llenando de nudos que no se desatan. Nudos hechos de las cosas que nunca dijimos y que, cuando llega el inevitable final, se aprietan para dejarnos sin aire.
¿Será que el día nublado me nubla también el pensamiento? ¿Será tal vez el frío de afuera que también hiela mi corazón?
Todas las dudas se disipan, si mis manos encierran una taza de café humeante. Si dejo que el vapor me empañe los ojos por un segundo y el calor del primer sorbo ahuyenta a los gigantes de hielo de mi pecho.
A veces duele sentirse detrás.
A veces no duele tanto.
y otras veces, tengo café.
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